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Me diagnosticaron cáncer de seno dos semanas después de mi cumpleaños número 41, hace casi tres años. Comía lo que pensaba que era una dieta saludable, consistente en una gran cantidad de verduras orgánicas (muchas cultivadas en casa) y casi todo hecho desde cero. Comía un poco de carne, pescado y huevos, pero tenía cuidado de asegurarme de que eran orgánicos, capturados en la naturaleza o de corral, etc. Mi madre murió de cáncer (en realidad, por los tratamientos) cuando yo tenía 12 años, así que era muy cuidadosa con la alimentación y no me exponía a productos químicos nocivos. Nunca antes tuve problemas de salud, por lo que el diagnóstico me conmocionó. Dejé todos los productos de origen animal después del diagnóstico porque conocía la terapia de Gerson y las dietas macrobióticas. Sin embargo, cada vez que leo algo sobre lo que debía o no debía comer, me confundía mucho. Porque, dependiendo de la fuente, a las personas con cáncer se les dice que eviten cereales de grano entero y frijoles (inflamatorios), papas (alto contenido glicémico), tomates y berenjenas (solanáceas) y otros vegetales por una variedad de razones. Tomé el denominador común y reduje mi alimentación a casi nada que temiera que aumentaría el cáncer, y rápidamente pasé a tener un peso insuficiente para mi estatura.

El cirujano me dijo que no importaba lo que comiera, ya que no haría la diferencia, pero ese comentario no me cayó bien. Así que visité a la dietista en el centro del cáncer, y me recomendó que comiera carne y huevos, además de varias porciones de productos lácteos por día para las proteínas y la salud de los huesos. A mí no me parecía que eso estuviera bien. Entonces visité a un nutricionista muy recomendado en la ciudad que me dijo: “No seas uno de esos veganos” y luego procedió a hacerme una prueba de músculo extraña —en realidad era otra persona tocando mi espalda, ya que dijo que yo era demasiado débil para realizar la prueba por mí misma—. Luego, trató de venderme una variedad de suplementos que costaban 100 dólares, solo para la primera dosis. Prácticamente salí corriendo de allí.

Después de varios meses de confusión y hambre, encontré a un dietista que recomendaba una alimentación basada en plantas sin procesar y mencionó el libro del Dr. Campbell, El Estudio de China. Mientras lo leía, sentía como si estuviera escrito solo para mí, durante un tiempo en el que quería hacer todo lo posible para recuperar mi salud. Reduciendo toda la confusión, la recomendación dietética del libro era simple: comer alimentos basados en plantas sin procesar. El libro apoyaba mis instintos originales de eliminar por completo la carne y los productos lácteos de mi dieta, como esbozaban los numerosos y convincentes estudios que vinculaban estos alimentos con el cáncer, enfermedades cardíacas y otras enfermedades prevalentes en las sociedades occidentales. Ya no estaba preocupada por no obtener suficiente nutrición para mantenerme y, de hecho, me di cuenta de que podría prosperar en una alimentación de plantas sin procesar. Y ESTOY prosperando ahora, tres años más tarde, gracias a este increíble libro, así como otros libros, incluyendo el del Dr. Campbell, Whole: Rethinking the Science of Nutrition, los libros del Dr. McDougall The Starch Solution y The McDougall Program for Women y el Certificado de Nutrición Basada en Plantas del Dr. Campbell en línea, que tomé posteriormente a través de eCornell.

Los beneficios de adoptar una alimentación basada en plantas sin procesar han sido profundos. Mis exámenes desde que empecé el tratamiento muestran que estoy en excelente estado de salud y todos los médicos dijeron que me he recuperado “maravillosamente”. Además, soy capaz de correr y andar en bicicleta distancias más largas, de manera más rápida que nunca y la recuperación no toma tiempo. El pasado mes de septiembre, completé 100 millas continuas en mi bicicleta y mi combustible eran las papas, las batatas y los dátiles que llevaba en mis bolsillos del pantalón.

Ahora, estoy difundiendo la palabra acerca de este maravilloso estilo de vida en mi comunidad. Celebré mi primera fiesta vegetariana el mes pasado. Conté mi historia y mostré cómo hacer pizza a base de plantas y sin aceite, incluyendo un delicioso queso mozzarella no lácteo, elaborado con marañones y harina de tapioca. Fue un gran éxito. No puedo siquiera expresar cuán agradecida estoy que el Dr. Campbell haya tomado el tiempo y el riesgo de compartir lo que descubrió a lo largo de su carrera al escribir El Estudio de China y que el libro haya estado disponible cuando más necesitaba esta información.

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