Temas » Temas sociales » ¿Existe una dieta para combatir la depresión?
Centro de Estudios en Nutrición del Dr. T. Colin Campbell

Cuanto más tiempo llevo en la práctica de la medicina, mejor aprecio directamente cómo la salud mental, emocional y física coinciden mucho más de lo que comúnmente reconocemos en nuestra sociedad. Lamentablemente, nuestra salud mental y emocional no se encuentran en buen estado. Tengo la impresión de que la soledad y la depresión se han vuelto epidemias generalizadas en esta era de “conectividad” digital, maratones de programas en plataformas de videos y uso excesivo de teléfonos inteligentes.

Mi impresión refleja lo que las encuestas indican hace años. Según un informe de datos de 2020 del Centro Nacional de Estadísticas de Salud[1]:

  • Más del 13 % de los adultos estadounidenses informaron haber usado medicamentos antidepresivos en los últimos treinta días durante el periodo de 2015 a 2018.
  • Las mujeres informaron un mayor uso de antidepresivos que los hombres, y este consumo aumentó con la edad; casi una cuarta parte de las mujeres mayores de sesenta años usaban antidepresivos.
  • Aunque el uso de antidepresivos no aumentó entre los hombres, el porcentaje global de adultos que usan antidepresivos aumentó durante la pasada década debido al incremento en consumo entre las mujeres.

Los índices de trastornos mentales en Estados Unidos pueden ser superiores a la media ―se calcula que cerca del 4 % de la población mundial sufre de depresión―, pero no es un problema exclusivo de los estadounidenses.[2] Cerca de 280 millones de personas en el mundo padecen de depresión, y ocurren más de 700,000 suicidios al año, una de las principales causas de muerte en adolescentes y adultos jóvenes.

Como era de esperarse, a partir de la pandemia de COVID-19 posterior a la publicación de estos datos, en general, no hemos tenido éxito a la hora de abordar dichas tendencias. Los autores de un artículo de 2023 que analiza los efectos duraderos de la pandemia aseveran que “según la Organización Mundial de la Salud, la prevalencia de la ansiedad y la depresión aumentó en un 25 % en todo el mundo”.[3] Destacaron tres grupos que han tendido a experimentar mayores dificultades de salud mental: las personas con educación superior, las mujeres y los jóvenes adultos. Concluyeron que “los efectos a largo plazo en los adolescentes aún están por verse […], mientras que en la población general ya se están presentando los efectos del dolor, el miedo y el aislamiento”.

De vuelta a mi punto original, esta epidemia no es puramente emocional, sino que también es física. Hay abundante prueba sobre la relación bidireccional entre la salud emocional (o psicológica) y la salud física. Por ejemplo, sabemos que las personas con depresión tienen más probabilidades de ser obesas, y la prevalencia de la obesidad aumenta a medida que la depresión se agrava.[4]

¿Cuál es la lógica del asunto? Podemos entender intuitivamente que si nos sentimos deprimidos, quizás no tomaremos las mejores decisiones. Es posible que recurramos a alimentos de alta palatabilidad para medicar nuestros sentimientos de ira, soledad, estrés y depresión. Estos alimentos ricos en azúcares y grasas procesadas activan vías neuronales involucradas en la sensación de felicidad, incluidas las vías de dopamina y serotonina (un tema en el que abundo en mi libro The Campbell Plan [El plan de Campbell]). Al tener niveles bajos de serotonina, como ocurre durante episodios depresivos, tiene sentido que intentemos compensar el déficit de serotonina con una sabrosa dona rellena o, mejor aún, con tres o cuatro.

Es una reacción común y comprensible. Si somos sinceros, todos podemos identificarnos con este comportamiento. Tanto así que se han acuñado frases para expresarlo, como “ahogar los sentimientos con comida”.

Pero piense en la causalidad en la dirección contraria. En otras palabras, ¿y si la depresión no solo es la causa de una alimentación y un estilo de vida poco saludables, sino también el resultado de ello?

depression and diet

Las investigaciones muestran bloqueos en las vías de dopamina de las personas obesas. Cuanto más grave es la obesidad, más limitados son los receptores de dopamina.[5] Esta limitación implica que serán necesarios más estímulos (p. ej., más alimentos de alta palatabilidad) a fin de obtener el alza de dopamina requerido para sentir satisfacción. A raíz de experimentos con animales, ahora sabemos que las dietas azucaradas pueden alterar la actividad de los receptores químicos del cerebro, un proceso a veces llamado neuroadaptación.[6] Resulta que los alimentos de alta palatabilidad bien podrían estar alterando las vías químicas relacionadas con la sensación de felicidad.

En un estudio de adultos mayores sin depresión, a lo largo de siete años en Chicago, los que seguían una dieta mediterránea mayormente basada en plantas (más frutas, vegetales, cereales integrales, legumbres, pescado y aceite de oliva, y menos carnes y lácteos ricos en grasa) tuvieron tasas más bajas de nuevos síntomas de depresión.[7] Este hallazgo fue similar al de un estudio realizado en España.[8]

Sabemos que el síndrome metabólico y diversos trastornos psicológicos suelen presentarse simultáneamente y que comparten características, como un aumento en los niveles de inflamación crónica y la desregulación de sistemas hormonales.[9] Ambas características se ven afectadas por la dieta y el estilo de vida.

Tras uno de los interesantes experimentos del trabajo investigativo de mi padre, sabemos que el simple hecho de cambiar la cantidad de proteína en la dieta afecta la actividad física en ratas. Y no como quizás esperaríamos: las ratas que consumieron menores cantidades de proteína hicieron más ejercicio voluntariamente.[10]

Toda esta información se puso a prueba en un breve estudio piloto de dos semanas. Los investigadores hallaron que en los omnívoros que evitaron consumir pescado y otras carnes (incluidas las aves) durante dos semanas mejoraron algunas mediciones del estado de ánimo, incluido el estrés.[11]

El octavo principio presentado en El estudio de China es que todo está conectado: la salud física, mental y emocional; la nutrición y la actividad física; la espiritualidad y la conexión social; el bienestar de los animales; la sostenibilidad ambiental, entre otros. En tiempos recientes, los investigadores y consumidores aceptan estas interrelaciones cada vez más. Se ve claramente en el interés por la salud intestinal, un tema polémico, y el aumento en las investigaciones del eje microbiota-intestino-cerebro.[12] Hace tiempo sabemos que las elecciones alimentarias afectan el intestino. Lo fascinante es cómo un intestino sano puede, a su vez, afectar tantas otras cosas, como el trastorno de depresión mayor, la ansiedad, los trastornos del sueño, el trastorno de déficit de atención por hiperactividad (TDAH) y la enfermedad de Parkinson.[13][14][15] (Conozca más sobre el creciente interés en la salud intestinal.)

Recuerde entonces que, aunque la enfermedad mental puede llevar a elegir estilos de vida poco saludables, también es probable que las elecciones alimentarias perjudiciales sean conducentes a la enfermedad mental. No solamente comemos para ahogar nuestros sentimientos, sino que a menudo sentimos lo que comemos. Este sutil pero poderoso cambio en la forma de concebir las enfermedades mentales abre la puerta a un papel más significativo de la dieta en el tratamiento de la depresión, más allá de lo que actualmente reconocemos. Además, no sé ustedes, pero yo preferiría no sentirme como una vaca molida, un pájaro muerto o un esponjoso pastel de gasolinera sin micronutrientes.

Referencias

  1. Brody DJ, Gu Q. Antidepressant use among adults: United States, 2015–2018. NCHS Data Brief, no 377. Hyattsville, MD: National Center for Health Statistics. 2020.
  2. World Health Organization (WHO). Depressive disorder (depression). March 31, 2023. https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/depression
  3. Kupcova I, Danisovic L, Klein M, Harsanyi S. Effects of the COVID-19 pandemic on mental health, anxiety, and depression. BMC Psychol. 2023;11(1):108. Published 2023 Apr 11. doi:10.1186/s40359-023-01130-5
  4. Pratt L, Brody D. Depression and Obesity in the U.S. Adult Household Population, 2005–2010. NCHS Data Brief, No. 167. Hyattsville, MD: National Center for Health Statistics. 2014.
  5. Wang GJ, Volkow ND, Thanos PK, Fowler JS. Similarity between obesity and drug addiction as assessed by neurofunctional imaging: a concept review. Journal of addictive diseases 2004;23:39-53.
  6. Avena NM, Rada P, Hoebel BG. Sugar and fat bingeing have notable differences in addictive-like behavior. The Journal of nutrition 2009;139:623-8.
  7. Skarupski KA, Tangney CC, Li H, Evans DA, Morris MC. Mediterranean diet and depressive symptoms among older adults over time. J Nutr Health Aging 2013;17:441-5.
  8. Sanchez-Villegas A, Delgado-Rodriguez M, Alonso A, et al. Association of the Mediterranean dietary pattern with the incidence of depression: the Seguimiento Universidad de Navarra/University of Navarra follow-up (SUN) cohort. Arch Gen Psychiatry 2009;66:1090-8.
  9. Nousen EK, Franco JG, Sullivan EL. Unraveling the mechanisms responsible for the comorbidity between metabolic syndrome and mental health disorders. Neuroendocrinology 2013;98:254-66.
  10. Krieger E, Youngman LD, Campbell TC. The Modulation of Aflatoxin B1 (AFB1)-Induced Preneoplastic Lesions by Dietary Protein and Voluntary Exercise in Fischer 344 Rats. FASEB Journal 1988;2:3304.
  11. Beezhold BL, Johnston CS. Restriction of meat, fish, and poultry in omnivores improves mood: a pilot randomized controlled trial. Nutr J 2012;11:9.
  12. Mayer EA, Nance K, Chen S. The Gut-Brain Axis. Annu Rev Med. 2022;73:439-453. doi:10.1146/annurev-med-042320-014032
  13. Góralczyk-Bińkowska A, Szmajda-Krygier D, Kozłowska E. The Microbiota-Gut-Brain Axis in Psychiatric Disorders. Int J Mol Sci. 2022;23(19):11245. Published 2022 Sep 24. doi:10.3390/ijms231911245
  14. Socała K, Doboszewska U, Szopa A, et al. The role of microbiota-gut-brain axis in neuropsychiatric and neurological disorders. Pharmacol Res. 2021;172:105840. doi:10.1016/j.phrs.2021.105840
  15. Wang Z, Wang Z, Lu T, et al. The microbiota-gut-brain axis in sleep disorders. Sleep Med Rev.2022;65:101691. doi:10.1016/j.smrv.2022.101691

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