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El cambio de comportamiento es clave para una transformación al estilo de vida basado en plantas

El cambio de comportamiento es clave para una transformación al estilo de vida basado en plantas

Como médicos y líderes de salud pública, falsamente creemos que estamos en una crisis de educación cuando se trata de nutrición. En otras palabras, el mundo no se ha vuelto basado en plantas porque no sabe sobre nutrición o sabe muy poco. Si bien esto puede ser cierto para algunos, el problema real sigue siendo nuestra incapacidad para proporcionar una guía y los recursos necesarios para la implementación. El mundo debe seguir un estilo de vida basado en plantas, pero ¿cómo se ve esto en la vida cotidiana de la familia, la persona o la población promedio? Sabemos que la clave para una buena salud radica en nuestra capacidad para manejar varios factores de riesgo, la mayoría de los cuales se basan en el estilo de vida, pero a pesar de nuestros deseos de que nuestros pacientes alcancen un estilo de vida con una alimentación saludable, seguimos abrumados con un aumento alarmante de enfermedades crónicas como alzhéimer, presión arterial alta, diabetes, etc. Tenemos las respuestas y debería ser simple. Cambia tus hábitos alimenticios y aumenta tus posibilidades de una longevidad saludable. Pero esto no está sucediendo. Tenemos 23 millones de adultos que viven con diabetes. Más de 100 millones de personas tienen presión arterial alta (es decir, casi la mitad de la población)[1] y el 38 % de la población sufre de obesidad. Desde 1953 hasta ahora, la prevalencia de tabaquismo entre los adultos ha disminuido en más del 70 %, en contraste, la American Heart Association (Asociación Americana del Corazón) estima que menos del 1 % de los estadounidenses consumen una alimentación saludable[2]. ¿Por qué estamos ganando la batalla del tabaquismo, pero perdiendo la guerra por una alimentación saludable? En algún punto entre lo que sabemos que debemos hacer y lo que nos dicen los números, no estamos diseminando un mensaje coherente, ni estamos enseñando a las personas cómo implementar estos cambios en sus vidas para siempre.

Como investigadores y médicos en neurología preventiva y conductual, vemos la necesidad crítica de no parar con simplemente tratar a los pacientes existentes que sufren enfermedades neurológicas como la demencia y el accidente cerebrovascular. Con el fin de lograr grandes avances en la disminución de la prevalencia de estas enfermedades, sabíamos que debíamos centrarnos en la prevención. A través de este enfoque integrado, que se enfoca en la educación para la prevención y la implementación factible, creemos que podemos realizar cambios duraderos en grandes poblaciones, que reducirán drásticamente la prevalencia de algunas de las enfermedades más devastadoras y costosas de la historia.

La nutrición como prevención es una de las armas más poderosas que tenemos contra las enfermedades crónicas y el deterioro cognitivo.

La comida está en el centro de nuestra epidemia de enfermedades crónicas y, sin embargo, estamos fracasando estrepitosamente en afectar el cambio en esta área para la población general. Existe una gran idea errónea de que los médicos tienen la clave para una nutrición adecuada. Muchos se sorprenderían al descubrir que los médicos no reciben una educación enfocada ni adecuada sobre una nutrición adecuada en todos sus años de formación. Se centran en el tratamiento de enfermedades existentes con pastillas y bisturís. Además, no reciben nada de herramientas sobre cómo asociarse con sus pacientes para lograr sus objetivos de salud. Los médicos también son los más cínicos con respecto al cambio de estilo de vida porque simplemente no creen que las personas puedan cambiar el comportamiento —no porque sea cierto— sino porque nunca lo han visto en un modelo basado en enfermedades (hospital y clínico) y, por falta de tiempo y conocimiento, nunca han formado parte de eso. Este es un gran problema, ya que la nutrición como prevención es una de las armas más poderosas que tenemos contra las enfermedades crónicas y el deterioro cognitivo. Si nos fijamos en los “7 simples” (siete indicadores de salud cardiovascular, AHA Life’s Simple 7: cuatro comportamientos de salud: tabaquismo, peso, actividad física y alimentación y tres factores de riesgo para la salud: colesterol total, presión arterial y glucemia en ayunas)[3], reportados por la Sociedad Americana del Corazón cada año, vemos que continuamos luchando para abordar adecuadamente la alimentación saludable.

¿Por qué sucede esto?

En nuestra amplia experiencia, tanto al trabajar directamente con pacientes, familias y poblaciones, hemos aprendido que existen dos razones principales para el fracaso al momento de generar un cambio. Primero, existe un caos profundo y, a menudo, información contradictoria sobre lo que constituye una alimentación saludable. Las personas están desbordadas con una gran cantidad de “nuevas opiniones” o dietas de moda que prometen devolverles su salud. En el redoble constante de información sobre todos los planes de alimentación más recientes y mejores (a menudo sin investigación que respalde las afirmaciones) el caso científico de una alimentación basada en plantas sin procesar se pierde en el ruido. Segundo, les fallamos a individuos, familias y comunidades cuando generamos falsas expectativas al final de caminos poco claros para el cambio. Esta razón probablemente es más perjudicial que la primera. Los médicos pueden empeorar el problema. Perpetuamos el mito de “todo o nada” con nuestra mentalidad de resolución de Año Nuevo y nuestras técnicas de privación. En otras palabras, configuramos a nuestros pacientes para que fracasen incluso antes de que comiencen.

La clave para realizar cambios alimenticios duraderos es crear hábitos saludables, pero la percepción pública sobre esta terminología en sí misma tiene muchos conceptos erróneos. Deberíamos guiar a los pacientes para que sigan una alimentación basada en plantas sin procesar y enseñarles cómo hacerlo a través de un proceso sistemático de construcción de hábitos.

La creación de hábitos es más que una serie de pasos motivadores que nos mantienen inspirados conscientemente para que podamos continuar “abriéndonos el paso” a través de nuestras nuevas promesas para nosotros mismos. Hay cambios neurológicos verdaderos que ocurren y que mejoran profundamente nuestra capacidad para crear un cambio duradero. A través de instrumentos como la imagen de resonancia magnética, las tomografías por emisión de positrones (PET) y otras herramientas sorprendentes, hemos podido identificar áreas específicas del cerebro que se acentúan a través de la creación de hábitos. Los ganglios basales y el lóbulo prefrontal están involucrados principalmente en la neurología de construcción de hábitos[4]. Así que cambiar tu vida no es un proceso completamente consciente. No se trata únicamente de mantener tu decisión. Se trata de fortalecer tu neurocircuito para ayudar en el proceso. Los mismos pasos que decides seguir para crear cualquier hábito individual, crean vías en tu cerebro que hacen que la creación de hábitos futuros sea aún más probable.

Si realmente queremos ganar esta batalla, debemos enseñar el arte y la ciencia de la modificación de la conducta, que se centra en el establecimiento de metas claras y la creación de un camino claro de logros hacia dicha meta.

El concepto mismo de motivación a menudo se considera un sentido intensificado y mágico de inspiración que crea hábitos. Muchos no se dan cuenta de que la motivación proviene de la capacidad del cerebro para transmitir emociones a cualquier cosa. Cuando creamos metas (cuanto más específicas, mejor) y damos pequeños pasos exitosos hacia esa meta, nuestros ganglios basales están ocupados creando rutas reales (conexiones neuronales), estableciendo literalmente, las rutas permanentes de los hábitos. La buena construcción de hábitos no es un proceso emocional, es mecánico. Las emociones son el resultado del proceso que ocurre debajo. En realidad, estamos condicionando nuestros cerebros para hacer un trabajo más eficiente en la creación de pasos saludables. Esta es la razón por la que simplemente considerar los resultados de salud como binarios (todos o ninguno) puede minar profundamente la capacidad intrínseca del cerebro para desarrollar hábitos a través de éxitos lineales simples. Hoy, en el mundo académico, está muy bien establecido que un estilo de vida basado en plantas sin procesar puede reducir significativamente la carga de las enfermedades, especialmente aquellas relacionadas con el cerebro, pero nuestro mayor fracaso en la transferencia de este hecho extraordinario al público en general ha sido en empoderar a individuos, familias y comunidades con las herramientas para transformarse a nivel de hábitos y estructura central del cerebro. Si realmente queremos ganar esta batalla, debemos enseñar el arte y la ciencia de la modificación de la conducta, que se centra en el establecimiento de metas claras y en la creación de un camino claro de logros hacia dicha meta. Nuestro extraordinario cerebro hará el resto del trabajo por nosotros, asignándole emociones positivas, lo que llamamos motivación. Por lo tanto, debemos centrarnos más en el empoderamiento y menos en la batalla de ideas, ya que esta última ya está ganada.
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Referencias

  1. https://news.heart.org/nearly-half-u-s-adults-now-classified-high-blood-pressure-new-definitions/
  2. Heart Disease and Stroke Statistics – 2018 Update. A Report From the American Heart Association. Circulation. 2018;137:e67–e492. DOI: 10.1161/CIR.0000000000000558.
  3. http://www.acc.org/latest-in-cardiology/articles/2016/05/27/01/55/ahas-lifes-simple-7
  4. The role of the basal ganglia in habit formation. Nature Reviews Neuroscience volume 7, pages 464–476 (2006).

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