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Temas » Psicología y Problemas Sociales » ¿Importa si me llamo a mí mismo adicto a la comida?
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El tema de la adicción a la comida está ganando popularidad en la literatura científica y en los grupos de apoyo de todo el mundo. Algunas personas me han dicho que probablemente soy un adicto a la comida; otras dicen que no existe tal cosa. ¿Dónde está la línea que separa la alimentación normal de la adicción a la comida? ¿No estamos todos adictos a ella, en alguna medida, y no necesitamos comida para vivir? Me he hecho estas preguntas muchas veces, he intentado responderlas con ayuda de profesionales y en mis propios círculos sociales.

Mientras la comunidad científica debate si la adicción a la comida puede o debe clasificarse como un trastorno mental[1], mi pregunta es quizá más fundamental: ¿Importa cómo llamar a mis problemas con la comida?

Los trastornos alimentarios (una categoría más amplia que la adicción a la comida) ya están clasificados en la literatura científica. Y el enfoque adoptado para el tratamiento de los trastornos alimentarios no cambiaría necesariamente de forma positiva añadiendo la etiqueta “adicción”.

Una ventaja de una clasificación formal de adicción a los alimentos podría ser que se exigiera a los fabricantes de alimentos que etiquetaran los ingredientes de alta palatabilidad. Este etiquetado ayudaría a informar al público que estos alimentos pueden provocar algún tipo de trastorno alimentario. También podría ayudar a trasladar la carga de hacer cambios del individuo (como alguien que toma malas decisiones personales) a la sociedad en general. En otras palabras, al exigir el etiquetado de los alimentos peligrosos y comidas de alta palatabilidad, podríamos empezar a ver el problema como una cuestión del entorno que requiere cambios políticos.[2]

Food Addictions

Lo que me preocupa de crear una clasificación formal de la adicción a los alimentos es que convertirá a personas como yo en víctimas, que ya no serán responsables de su comportamiento. También le permitirá a las “grandes farmacéuticas” comercializar fármacos para “curar” esta enfermedad recién etiquetada de la misma manera que comercializan fármacos para otras muchas enfermedades. Es probable que estos medicamentos no hagan más que tratar los síntomas, no las causas subyacentes, porque ese es el modelo farmacéutico.

Independientemente del nombre que le des a un trastorno alimentario, los tratamientos que usan programas de 12 pasos o terapia cognitivo-conductual (TCC) han demostrado ser eficaces para disminuir la probabilidad de que una persona recaiga en una conducta no deseada. Me he sometido a la TCC y ha demostrado ser eficaz para ayudarme a cambiar mi forma de pensar sobre los atracones y la alimentación compulsiva. He tenido estos problemas desde que tenía ocho años. Fue entonces cuando mi pediatra me puso en mi primera dieta, diciéndome que comiera solo 800 calorías al día para perder peso. Era una dieta de hambre, y me llevó a comer compulsivamente en secreto, un problema con el que he vivido durante más de 50 años. He perdido y ganado peso muchas veces desde entonces, y todavía tengo de vez en cuando ganas de darme un atracón. Sin embargo, aunque he tenido lo que podría llamarse un comportamiento adictivo, no creo que sea un adicto. Dejaré que la ciencia juzgue.

Las comidas de alta palatabilidad son comidas procesadas con alto contenido de azúcar, sal y grasa. Algunos creen que conducen a la adicción. Mi experiencia con estas comidas es más complicada. Las he consumido en ocasiones sin caer necesariamente en atracones y sin sufrir síntomas de abstinencia al dejar de comerlas. Además, creo que debemos pensar en la alimentación poco saludable más allá de estas comidas específicas. He perdido 45 kilos (100 libras) en el último año trabajando con un entrenador de pérdida de peso que me ha ayudado a abordar mis problemas con la comida y a cambiar mi relación con la alimentación. Me he centrado en adoptar hábitos que mejoren mi relación con la comida. También he desarrollado una gran red de apoyo en el CNS Kitchen y en mis relaciones personales. Este apoyo me ayuda a mantener los pies en la tierra y a rendir cuentas. Poco a poco, estos hábitos me están ayudando a convertirme en la persona sana y activa que quiero ser.

Mientras la comunidad científica sigue perfeccionando sus definiciones de los trastornos alimentarios, el resto de los mortales tenemos que enfrentarnos a nuestros demonios. Si luchas como yo con la selección de alimentos saludables, si te das atracones o comes compulsivamente, o si crees que puedes tener una adicción a la comida, lo más importante que puedes hacer es pedir ayuda. Esconderse solo alimenta los desórdenes alimenticios. Dejar que los demás sepan que estás teniendo dificultades y desarrollar un plan de acción para cambiar tus circunstancias es la clave para conseguir unos hábitos alimenticios saludables. El CNS Kitchen ha sido genial para mí y para aquellos que se han unido y han participado activamente en la comunidad. Ofrecemos clases de cocina, retos de bienestar y reuniones semanales en las que entablamos conversaciones estimulantes sobre nuestras luchas y triunfos. Lo más importante es que nos apoyamos mutuamente en nuestros procesos.

Referencias

  1. Can Food be Addictive? Public Health and Policy Implications. Ashley N. Gearhardt, Carlos M. Grilo, Ralph J. DiLeone, Kelly D. Brownell, and Marc N. Potenza
  2. A Critical Examination of the Practical Implications Derived from the Food Addiction Concept by Adrian Meule)

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