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¿Puede ayudar a salvar el planeta el comer menos carne y productos lácteos? Todos los indicios apuntan a que sí

Can Eating Less Meat and Dairy Help Save Our Planet? All Signs Point to Yes.

Nuestro planeta Tierra está sufriendo profundamente—en la contaminación atmosférica, el desgaste de la capa de ozono, la desaparición de los arrecifes de coral, el cambio climático, la deforestación, el aumento de las temperaturas, los incendios forestales… solo por nombrar algunos. Aunque parezca que salvar el planeta está fuera de tu control, puedes empezar a hacer algo hoy mismo para ayudar a aliviar nuestros males climáticos: me refiero a reducir o eliminar tu consumo de productos animales.

La ganadería moderna, conocida como ganadería industrial, está causando una degradación masiva del medio ambiente. Si bien es necesario reformar la agricultura en Estados Unidos (por razones que no se limitan al medioambiente), los seres humanos pueden producir un cambio inmediato si dejan de apoyar a la industria. Y puedes hacerlo adoptando una alimentación basada en plantas. Si no actuamos y ponemos de nuestra parte para contribuir de forma incremental, los humanos seguiremos agotando los recursos naturales de la Madre Naturaleza y todas las especies pagarán el precio.

Según los científicos, “sin el consumo de carne y productos lácteos, el uso global de las tierras de labranza podría reducirse en más de un 75 %”.

¿Qué es la ganadería industrial y por qué es tan destructiva? En primer lugar, es importante señalar que el 99% de los animales de granja hoy día se crían en granjas industriales. Sí, eso significa que casi toda la carne y los productos lácteos de Estados Unidos proceden de este sistema. La ganadería industrial, también llamada a veces ganadería intensiva, es un sistema que utiliza el confinamiento extremo del ganado para una máxima eficiencia y obtener una mayor cantidad de producto a menor costo. La idea surgió en la década de 1960, cuando los científicos inventaron técnicas agrícolas para maximizar la producción y satisfacer la creciente demanda de carne, huevos, y productos lácteos. Hoy en día, la ganadería industrial es el principal sistema de agricultura animal y uno de los mayores peligros para el medioambiente.

Este sistema intensivo de ganadería contamina el medio ambiente, el agua, y el suelo, además tiene un impacto negativo en las comunidades rurales que viven alrededor de estas “granjas”. Uno de los aspectos medioambientales más preocupantes de la ganadería industrial es la cantidad extrema de gases de efecto invernadero que produce. Este tipo de gases que atrapan el calor en la atmósfera, contribuyen al cambio climático. Los efectos de este fenómeno ya se observan en el planeta, desde la pérdida de hielo marino, pasando por la súbita aceleración del nivel del mar, hasta olas de calor cada vez más intensas y prolongadas.

Aunque hay diferentes tipos de gases de efecto invernadero—la mayoría producidos por la actividad humana— existen principalmente tres que son emitidos en el proceso de la agricultura industrial: el metano, el óxido nitroso y el dióxido de carbono.

El metano—que también se libera en la producción y el transporte de carbón, gas natural, y petróleo, así como en la descomposición de los residuos en los vertederos—es resultado de la ganadería y otras prácticas agrícolas. El metano es liberado por los animales durante la digestión; también lo libera el estiércol al descomponerse. Y cuando hay 1600 millones de animales de granja en 25.000 granjas industriales en Estados Unidos, eso se traduce en una inmensa cantidad de metano. Un cerdo, por ejemplo, “…produce aproximadamente una tonelada y media de estiércol cada año, [y] su estiércol combinado en un condado puede alcanzar o superar el peso equivalente en aguas residuales humanas de las principales áreas metropolitanas”, según el informe Factory Farm Nation de Food & Water Watch, edición 2020. El informe también señala que “en conjunto, estos animales producen un estimado de 885 mil millones de libras de estiércol anual, contaminando nuestro aire y agua y liberando emisiones que calientan el ambiente ”. Incluso la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos atribuye el aumento de las cantidades de metano en nuestro medioambiente al confinamiento de cerdos y vacas en instalaciones cada vez más grandes que utilizan sistemas de manejo de estiércol líquido o “lagunas de estiércol”. Se trata de tanques del tamaño de un campo de fútbol en los que se almacenan los excrementos de los animales. Estas lagunas de estiércol no solo liberan metano, sino que los desechos y restos del ganado también son vertidos a los ríos por los ganaderos, contaminando aún más el agua y creando un ecosistema tóxico.

El óxido nitroso se emite durante las actividades industriales agrícolas , durante el uso de combustibles fósiles y la combustión de residuos sólidos, así como durante el tratamiento de las aguas de desperdicio.

El dióxido de carbono (CO2) está considerado como uno de los gases de efecto invernadero más potentes. El CO2 se libera al quemar combustibles fósiles, como el carbón y el petróleo, así como por la deforestación. En cuanto a la agricultura, el CO2 procede de ciertos cultivos destinados a la alimentación animal, llamados “cultivos de alto valor energético” como el maíz, ya que depende de grandes cantidades de fertilizantes químicos. Anualmente, más del 36% del maíz y el 50% de los cereales cultivados en Estados Unidos son para alimentar a los animales que se crían y se sacrifican para consumo humano. Las granjas industriales también requieren una inmensa cantidad de energía derivada de los combustibles fósiles para calentar, enfriar, y ventilar las instalaciones—sin mencionar la energía necesaria para hacer funcionar la maquinaria que se usa para cultivar y cosechar los terrenos de estas operaciones.

Otras contribuciones nocivas de la agricultura animal provienen del procesamiento y el embalaje de los cuerpos sacrificados; de la deforestación que requiere la agricultura animal, la afeitada que se le da a la tierra para sembrar los cultivos, y los terrenos dedicados al pastoreo que convierten los pastizales en desiertos áridos haciendo que el suelo fértil se seque y libere CO2 a la atmósfera. Otro problema es el agua. Según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, además de necesitar hasta 1800 galones de agua para producir una libra de carne, la agricultura animal es la principal causa de contaminación del agua.

Una manera de evitar la destrucción del clima inducida por las granjas industriales es no apoyar a la industria y elegir alimentos de origen vegetal ó plantas en lugar de productos animales. Según los científicos, “sin el consumo de carne y productos lácteos, el uso global de tierras de labranza podría reducirse en más de un 75 %—una superficie equivalente a la de Estados Unidos, China, la Unión Europea y Australia juntas—y aún así seguir alimentando al mundo”, afirma The Guardian en un artículo en el que profundiza cómo es que evitar la carne y los productos lácteos es la “mejor forma” de reducir tu impacto en el medioambiente. (“Solo el 18 % de la carne y los productos lácteos y el 37 % de las proteínas suponen todas las calorías que ocupan nuestros cuerpos, a costa del 83 % de todas las tierras de cultivo”.) “De las calorías que forman nuestro cuerpo, sólo el 18% vienen de carne y productos lácteos, a costa de un 83% de las tierras cultivadas”. Finalmente, cambiar a una alimentación basada en plantas y comer menos carne son pequeñas piezas de este gigantesco rompecabezas, pero son un aspecto crítico. Sin embargo vale la pregunta, ¿es práctico consumir una alimentación basada en plantas? La respuesta es que sí, y las investigaciones demuestran que las personas que mantienen una alimentación basada en plantas tienen menos inflamación, una mejor salud cardiovascular, más músculos, y más energía. Además, la accesibilidad a los alimentos de origen vegetal y las fuentes de proteínas alternas nunca ha sido más abundante y alcanzable.

Si no cambiamos nuestra forma de actuar y empezamos a implementar alternativas basadas en plantas para sustituir la carne y los lácteos como fuentes principales en nuestra alimentación, el cambio climático seguirá creando desequilibrio en el medioambiente y el planeta, poniendo en riesgo nuestras vidas y las de todas las especies.

Las consecuencias de perturbar y explotar la biósfera son trágicas., El defensor del medioambiente Bill Tara lo expresó mejor: la humanidad tiene un “desprecio casual por el medioambiente”. El sistema de agricultura industrial que se ha convertido en “usual ” y que ha echado a nuestra sociedad a dormir en la complacencia será nuestra perdición, si no cambiamos. ¿Cuándo vamos a despertar y tomar medidas que dejen una huella duradera positiva en el planeta, en los animales que lo habitan, y en nosotros mismos?

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