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Debate sobre la obesidad – Algo nuevo

Parece que ningún otro problema de salud pública recibe más atención que el tema de la obesidad. Es un asunto social importante. Sin embargo, a pesar de todas las propuestas, comentarios y esfuerzos de investigación, todavía parece que no tenemos solución o ni siquiera un consenso sobre cómo encontrar una solución.

Aunque mi grupo de investigación estaba interesado principalmente en la alimentación y el cáncer, tuvimos algunas ocasiones para investigar la alimentación y el cambio de peso corporal. También hice presentaciones, personalmente, en un par de conferencias sobre obesidad, pero mis opiniones, aunque favorablemente recibidas y publicadas en el momento, no han recibido la atención que creo que se merecen. Así que, acá van de nuevo.

Antes de comenzar, sin embargo, aquí hay algunas opiniones personales sobre la obesidad a modo de contexto.

En primer lugar, nunca he apoyado la decisión, iniciada hace más de 20 años, de nombrar la obesidad como una enfermedad independiente como tal (con los códigos de reembolso de la Clasificación Internacional de Enfermedades [ICD, por sus siglas en inglés] y la Terminología de Procedimientos Actual [CPT, por sus siglas en inglés] utilizados por los investigadores en medicina y los médicos), según eso para aumentar la conciencia pública sobre el problema. Pero también aumenta la oportunidad de que las empresas desarrollen y promuevan fármacos contra la obesidad porque desarrollar una sustancia química específica para atacar un objetivo específico apela a un mercado muy grande, dispuesto a vender píldoras de solución rápida. (Mientras escribía esto, la Comisión Federal de Comercio de los Estados Unidos, según The New York Times, acababa de “acusar a cuatro compañías de comercializar productos de pérdida de peso engañosamente con “promesas infundadas” de que los consumidores podrían perder libras simplemente usando aditivos alimentarios, cremas para la piel y otros suplementos alimentarios”. ¿Puedo decir: “Te lo dije?”)[1] Pero la obesidad no es una causa que se deba eliminar de manera independiente. Es casi totalmente lo opuesto; un síntoma o resultado que se asocia con muchas dolencias y enfermedades graves que tienen una causalidad común.

En segundo lugar, nunca he estado impresionado con la propuesta de “calorías que ingieres versus calorías que gastas” para explicar los cambios a largo plazo en el peso corporal. Suena tan simple pero, por desgracia, es demasiado simple —y superficial—. Por supuesto, consumir exceso de calorías durante un periodo puede aumentar el peso corporal, así como consumir menos calorías de las necesarias puede disminuir el peso corporal. Del mismo modo, el ejercicio regular que aumenta el gasto de calorías ayuda a disminuir el peso corporal. Sin embargo, a excepción de un buen programa de actividad física que tenga diversos beneficios para la salud, centrarse únicamente en las calorías que ingieres versus calorías que gastas, probablemente solo conducirá a un beneficio fugaz y no sostenido (días, semanas, tal vez unos meses). En cambio, necesitamos una solución sostenible que se convierta en parte de un estilo de vida.

En tercer lugar, ha habido mucha discusión e investigación sobre una base genética para la obesidad y la evidencia convincente confirma tal relación bajo ciertas condiciones, probablemente la más interesante es la que muestra una base genética para controlar el gasto energético. Es decir, algunas personas obesas parecen albergar una persistente incapacidad “incorporada” (¿genética?) para aumentar el metabolismo y gastar menos energía después de perder peso, por lo que es más difícil para ellas mantenerlo bajo. Desafortunadamente, esta gente puede tener que ejercitarse un poco más o consumir un poco menos que una persona que no es obesa para obtener los mismos resultados.

Cuarto, prefiero usar el término “energía”, no calorías. Una caloría no es una entidad física sino una medida de la cantidad de calor (es decir, energía) atrapada en moléculas de grasa, carbohidratos, proteínas y alcohol. ¿Alguna vez has visto una taza de calorías, como una taza de azúcar o de grasa o de agua? Pero voy a usar calorías aquí debido a que su posición social es más familiar.

Ahora vamos a considerar la forma en que las calorías se gastan en el cuerpo, porque aquí es donde encuentro algo nuevo. La mayor parte de esta evidencia se produjo en mi propio laboratorio.

En nuestros estudios, poco a poco vinimos a notar, después de muchos experimentos, que los animales con una baja ingesta de proteína (5 % de proteína presente en los alimentos), lo que bloqueó el cáncer cuando se expusieron a un potente carcinógeno, en realidad consumieron de 2 % a 3 % más calorías. Esto fue inesperado, porque otros investigadores habían demostrado que cuando el consumo total de calorías se reduce en un 30 % a 40 %, el desarrollo del cáncer disminuye —menos consumo de calorías, menos cáncer— mientras que nuestros experimentos demostraron que, entre más consumo de calorías, se registraba menos cáncer.

Esto requería un nuevo proceso de pensamiento. Una observación que me intrigó fue el conjunto de hallazgos de un conocido colega de Harvard, el profesor Mark Hegsted. Él estimó que ganar o perder peso corporal para los seres humanos teóricamente involucraba muchas menos calorías de las que generalmente se reconocen. Calculó que una ganancia de cuatro a cinco libras de grasa corporal por año (equivalente a una ganancia aún mayor en el peso corporal total) se podría explicar con tan poco como un consumo extra de 50 calorías por día. Sin embargo, no podemos detectar esta pequeña cantidad, ya que es sólo el 2 % a 2,5 % de una ingesta diaria de 2000 a 2500 calorías. Esto también sugirió, sin embargo, que nuestro cuerpo podría tener su propia manera de desviar esas 50 calorías adicionales, después del consumo, lejos de hacer grasa corporal. Esto fue interesante, porque también existían pruebas de que las dietas bajas en proteínas pueden redireccionar las calorías hacia la producción de calor corporal (termogénesis), dejando así muy poco para hacer grasa corporal[2][3].

Por lo tanto, utilizamos esas ideas para hacer algunos estudios y aquí están los principales hallazgos. En primer lugar, recuerda que los animales que recibieron la dieta baja en proteínas consumieron más calorías, pero ganaron peso más lentamente[4-11], mientras que rápidamente bloquearon el desarrollo temprano[4][12] como tardío[11][13] del cáncer de hígado. Se demostró que estos animales también consumían más oxígeno[14], produjeron más de un tejido especial llamado grasa parda[14] e incrementaban las tasas de rotación de norepinefrina (adrenalina) [14][15][16], lo cual refleja una grasa parda más activa y un aumento del metabolismo. Estos animales con una ingesta baja de proteína también fueron mucho más activos físicamente, como lo demostró su voluntad de girar una rueda de ejercicio unida a sus jaulas[17]. Estos múltiples beneficios para la salud, asociados con una alimentación baja en proteínas y un mayor metabolismo se debieron, probablemente, a las calorías extras que fueron administradas por el cuerpo, ya fueran quemadas como calor corporal (termogénesis) o gastadas como aumento de la actividad física en lugar de aumento del tamaño corporal (¿grasa?). Este fue otro ejemplo más de la fascinante capacidad del cuerpo para establecer la homeostasis y optimizar la salud cuando se utiliza una alimentación basada plantas sin procesar. También podrías pensar que esto es similar a tener más energía después de comer una comida “ligera” que cuando consumimos una comida alta en proteína y alta en grasa que nos envía al sofá más cercano cuando terminamos de comer.

Por otra parte, nuestro estudio en humanos en la China rural apoyó esta misma interpretación[18][19]. La gente consumía más calorías, pero tenía menos colesterol sérico, menos enfermedades del corazón, menos diabetes, menos cáncer, menos peso corporal y casi nada de obesidad[20][21].

Esta evidencia sugiere que la alimentación basada en plantas sin procesar sin aceites y grasas añadidas minimiza el sobrepeso y la obesidad, mientras que, simultáneamente, reprime el desarrollo del cáncer y revierte la enfermedad cardíaca y la diabetes tipo 2. Esto nos indica una causa (una alimentación basada en plantas sin procesar), un efecto (una constelación de enfermedades y la obesidad que se previenen, incluso se invierten), una idea tan esperada que realmente funciona.

References

  1. Wyatt, E. in The New York Times (New York, 2014).
  2. Miller, D. S. & Payne, P. R. Weight maintenance and food intake. J. Nutr. 78, 255-262 (1962).
  3. Rothwell, N. J., Stock, M. J. & Tyzbir, R. S. Mechanisms of thermogenesis induced by low protein diets. Metabolism 32, 257-261 (1983).
  4. Appleton, B. S. & Campbell, T. C. Effect of high and low dietary protein on the dosing and postdosing periods of aflatoxin B1-induced hepatic preneoplastic lesion development in the rat. Cancer Res. 43, 2150-2154 (1983).
  5. Mainigi, K. D. & Campbell, T. C. Effects of low dietary protein and dietary aflatoxin on hepatic glutathione levels in F-344 rats. Toxicol. Appl. Pharmacol. 59, 196-203 (1981).
  6. Mgbodile, M. U. K. & Campbell, T. C. Effect of protein deprivation of male weanling rats on the kinetics of hepatic microsomal enzyme activity. J. Nutr. 102, 53-60 (1972).

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