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¿Puede la dieta cetogénica curar el cáncer? ¿Qué dice la ciencia?

¿Puede la dieta cetogénica curar el cáncer? ¿Qué dice la ciencia?

Anteriormente en esta serie, discutí los orígenes de la dieta cetogénica y el papel biológico de los cuerpos cetónicos (Parte 1), si vivir en un estado de cetosis es normal y natural (Parte 2), si las dietas cetogénicas son efectivas para perder peso (Parte 3) y resistencia a la insulina y diabetes (Parte 4). En esta entrega, voy a examinar la afirmación, ahora difundida como un incendio forestal en internet, de que las dietas cetogénicas pueden curar el cáncer al privar a las células cancerosas de glucosa.

¿El azúcar alimenta al cáncer?

Aquí hay un ejemplo típico[1] de las afirmaciones hechas por los defensores de la dieta cetogénica:

¿Puede la dieta cetogénica curar el cáncer? ¿Qué dice la ciencia?

La dieta cetogénica mata de hambre al cáncer

Otto Warburg fue un destacado biólogo celular que condujo al descubrimiento de que las células cancerosas no pueden prosperar utilizando la energía producida por la respiración celular, sino por la fermentación de glucosa. El Dr. Thomas Seyfried y otros investigadores del cáncer están de acuerdo, y han descubierto que las células cancerosas también se alimentan de la fermentación del aminoácido glutamina.

Con las dietas cetogénicas, reducir los carbohidratos reducirá tus niveles de glucosa, el combustible que alimenta las células cancerosas. Esto pondrá a tu cuerpo en cetosis y ayudará a agotar las células cancerosas de su suministro de energía.

Las afirmaciones extraordinarias requieren evidencia extraordinaria, como dijo el astrónomo Carl Sagan, y esta es una afirmación bastante extraordinaria. Entonces, ¿qué tan demostrable es la evidencia? Como verás, no tanto como lo afirman los entusiastas de la “ceto”.

La evidencia sobre las dietas cetogénicas y el cáncer

Un análisis sistemático de 2017 sobre la evidencia publicada de las dietas cetogénicas en el cáncer[2] identificó 15 estudios (cinco informes de casos, ocho estudios prospectivos y dos estudios retrospectivos). Escribieron que “no se encontró ningún estudio con un diseño metodológico riguroso” y concluyeron que:

“Falta evidencia que respalde los efectos de los regímenes alimenticios cetogénicos isocalóricos sobre el desarrollo y la progresión del tumor, así como la reducción de los efectos secundarios de la terapia contra el cáncer”.
De forma preocupante, también comentaron que los investigadores parecían subestimar los efectos secundarios y minimizar la disminución de la calidad de vida en pacientes con cáncer que siguen dietas cetogénicas.

Otro análisis, publicado en abril de 2018[3] concluyó:

“El número limitado de estudios y las diferencias en el diseño y las características del estudio contribuyen a una evidencia general de baja calidad, lo que limita la capacidad de extraer conclusiones basadas en la evidencia”.

De hecho, la extensa búsqueda en la literatura de los autores identificó un total de solo 14 estudios sobre los efectos de la dieta cetogénica en pacientes con cáncer publicados entre 1988 y 2016, que incluyeron solo 206 individuos. Cinco de los estudios fueron simplemente informes de casos, considerados como el nivel más bajo de evidencia en la investigación médica. Los pacientes fueron puestos en dietas cetogénicas en periodos que comprendían de cinco días a 12 meses. Nueve de los 14 estudios evaluaron los efectos de la alimentación sobre el metabolismo tumoral o la progresión de la enfermedad, y de estos, dos encontraron que los pacientes con una dieta cetogénica tuvieron peores resultados, dos mostraron resultados diversos entre los participantes, cuatro no informaron ninguna diferencia entre tratamientos, y uno demostró una alteración en el metabolismo de las células cancerosas.

Y un estudio de 2017 realizado en pacientes con cáncer de páncreas y de pulmón[4], que no fue incluido en ninguna de las revisiones sistemáticas, tuvo resultados no concluyentes porque la mayoría de los pacientes tenían dificultades para cumplir con la dieta, a pesar de todos los esfuerzos realizados para ayudarlos a cumplir y sufrieron muchos efectos secundarios leves a severos debido a esta (estreñimiento, fatiga, hinchazón, náuseas, deshidratación, esofagitis, hiperuricemia).

El efecto Warburg: ¿todas las células cancerosas tienen hambre de glucosa?

La noción de que una dieta cetogénica es una terapia eficaz para el cáncer se basa en la observación de que las mitocondrias (“plantas de energía”) de las células cancerosas tienen una eficiencia reducida, lo que resulta en una disminución del rendimiento energético de la glucosa. Conocida como el “efecto Warburg” después de que Otto Warburg ganara el Premio Nobel de Fisiología o Medicina de 1931 por descubrirla, esta ineficiencia metabólica provoca que las células cancerosas absorban más glucosa del torrente sanguíneo[5].

Los blogueros y autores de libros populares han distorsionado esta observación en la afirmación frecuentemente repetida de que “el azúcar alimenta el cáncer”, lo que constituye la base de los consejos para eliminar todas las formas de carbohidratos de la alimentación, incluyendo las frutas, los cereales de grano entero y las legumbres (alimentos que se ha demostrado que reducen el riesgo de desarrollar cáncer; consulta, por ejemplo, Verduras, frutas y prevención del cáncer: Un análisis[6], Ingesta de cereales de grano entero y cáncer: una revisión de la literatura[7] y Consumo de legumbres y riesgo de mortalidad por todas las causas, cardiovascular y por cáncer en el estudio PREDIMED [8].

Es importante darse cuenta de que el fenómeno que llamamos “cáncer” no es una sola enfermedad. La característica definitoria de las células cancerosas es que adquieren múltiples mutaciones en genes que las hacen inmortales y que gobiernan sus vías metabólicas. En consecuencia, no todas las células cancerosas son ávidas consumidoras de glucosa, como afirman los defensores de la dieta cetogénica.

De hecho, en un estudio de 33 líneas celulares de cáncer humano, se descubrió que todas expresaban enzimas cetolíticas clave[9], que les permiten tomar cuerpos cetónicos y usarlos como combustible. El nivel de expresión varió significativamente entre diferentes líneas celulares, lo que significa que algunos tipos de células cancerosas tienen una preferencia más fuerte que otros por usar cuerpos cetónicos.

Curiosamente, los investigadores encontraron que “no hay correlación entre el glucometabolismo y el metabolismo del cuerpo cetogénico”, lo que significa que las células cancerosas con alto nivel de glucometabolismo (uso de glucosa como combustible) no necesariamente tenían un nivel más bajo de enzimas cetolíticas clave. Parece que algunas células cancerosas pueden usar glucosa y cuerpos cetónicos de manera intercambiable, dependiendo de lo que tengan disponible.

Algunas células cancerosas muestran una fuerte preferencia por el uso de cuerpos cetónicos, y hacen que el cuerpo produzca más cetonas para impulsar su crecimiento. Una mutación oncogénica (que causa cáncer) en el gen BRAF V600E[10] activa MEK1, que estimula el crecimiento del cáncer. ¿En qué tipos de cáncer se produce esta mutación?

  • Más del 50 % de los melanomas
  • 10 % de los cánceres colorrectales
  • 100 % de las leucemias de células pilosas
  • 5 % de mielomas múltiples

Para las personas cuyos cánceres expresan esta mutación BRAF V600E, adoptar una dieta cetogénica arrojaría combustible al fuego; en ratones que fueron implantados con melanomas humanos que expresaban la mutación BRAF V600E, una dieta alta en grasas “aumentó las tasas de crecimiento, masas y tamaños de los tumores”[11].

El efecto Warburg inverso

Los investigadores también han identificado un “efecto Warburg inverso” [12] en el que los fibroblastos (células del tejido conectivo que producen la matriz extracelular o estroma, en el que todas las células, incluidas las células cancerosas, viven) “alimentan” a las células cancerosas adyacentes con los cuerpos cetónicos, estimulando el crecimiento tumoral y la metástasis. Se ha descubierto que la línea celular de cáncer de seno humano MDA-MB-231 sobreexpresa enzimas clave involucradas en el metabolismo de las cetonas.

Así fue como los investigadores describieron la relación bidireccional entre las células cancerosas y los fibroblastos circundantes que aumenta la cantidad de cetonas disponibles para alimentar el crecimiento tumoral:

Los fibroblastos cetogénicos promueven el crecimiento de células adyacentes de cáncer de seno al aumentar la biogénesis mitocondrial. Por lo tanto, el estroma tumoral puede servir como depósito para la producción de cuerpos cetónicos, mientras que las células cancerosas aumentan las enzimas requeridas para la reutilización del cuerpo cetónico, impulsando el metabolismo mitocondrial oxidativo (OXPHOS, fosforilación oxidativa) en las células de cáncer epitelial.

Otro equipo de investigadores concluyó que “los cuerpos cetónicos se comportan como oncometabolitos, y mostramos directamente que las enzimas [cetolíticas] HMGCS2, ACAT1 / 2 y OXCT1 / 2 son oncogenes metabólicos auténticos” [13].

Además, se descubrió que una enzima involucrada en la generación de cuerpos cetónicos estaba aumentada en el cáncer de próstata de alto grado[14], y la concentración del cuerpo cetónico β-hidroxibutirato era mayor en estas células. Esto indica que las células agresivas de cáncer de próstata utilizan cuerpos cetónicos para “obtener una ventaja de supervivencia que les permite ser cada vez más agresivos y obtener propiedades independientes de los andrógenos”.

Este es un punto crítico, porque la terapia convencional contra el cáncer de próstata incluye el bloqueo de andrógenos, pero la privación de andrógenos disminuye la capacidad de las células de cáncer de próstata para absorber la glucosa del torrente sanguíneo y usarla como combustible. Esta “disminución en la actividad de la vía glucolítica coloca a las células de cáncer de próstata bajo estrés para generar energía de manera rápida con el fin de llevar a cabo las funciones celulares necesarias. Una vía a través de la cual se puede lograr tal efecto es aumentar la producción de energía mediante la descomposición de los ácidos grasos a través de la vía de la β-oxidación”, es decir, mediante el uso de cuerpos cetónicos.

También se descubrió que los cuerpos cetónicos aumentan la tasa de crecimiento de las células HeLa[15], una línea celular de cáncer de cuello uterino que se usa ampliamente en la investigación del cáncer.

¿Los cuerpos cetónicos tienen efectos específicos contra el cáncer?

Los efectos que controlan el cáncer de las dietas cetogénicas a menudo se atribuyen a los propios cuerpos cetónicos. Por ejemplo, se ha descubierto que la función mitocondrial mejorada inhibe el crecimiento de las células cancerosas y revierte la resistencia de las células cancerosas a los medicamentos de quimioterapia[16]. Los defensores de la dieta cetogénica atribuyen al cuerpo cetónico β-hidroxibutirato (BHB) el ser responsable de mejorar la respiración mitocondrial[17].

No hay evidencia de que una dieta cetogénica proteja contra el desarrollo del cáncer, y las pruebas de sus beneficios en el tratamiento del cáncer son escasas e inconsistentes.

Sin embargo, la investigación realizada por el Dr. Valter Longo y sus compañeros de trabajo sobre el ayuno y las dietas que simulan el ayuno indica que la cetosis no es necesaria para mejorar la función mitocondrial e inducir una “sensibilización diferencial al estrés” (también llamada resistencia diferencial al estrés), una condición en la cual las células cancerosas se debilitan y se vuelven susceptibles a la quimioterapia, mientras que las células normales y sanas se fortalecen y se hacen resistentes a ella[18]. En cambio, los niveles reducidos de IGF-1 (siglas en inglés para el Factor de Crecimiento Insulínico-1 —insulin-like growth factor-1—) y el objetivo mecanicista de la rapamicina (mTOR) inducen la sensibilización diferencial al estrés. Tanto el IGF-1 como el mTOR se reducen mediante el ayuno y las dietas proteicas apropiadas.

Ayuno, dietas basadas en plantas y cáncer

Se ha descubierto que el ayuno disminuye los efectos secundarios y aumenta los efectos destructores de las células tumorales, tanto de la quimioterapia citotóxica convencional[19] como de los inhibidores de la tirosina quinasa[20]. Los ciclos de ayuno, seguidos de la realimentación, estimulan el rejuvenecimiento de las células madre, incluyendo las de la médula ósea, lo que permite que los recuentos sanguíneos “se recuperen” más rápido después de la quimioterapia citotóxica[21].

No hay evidencia de que una dieta cetogénica proteja contra el desarrollo del cáncer, y las pruebas de sus beneficios en el tratamiento del cáncer son escasas e inconsistentes. En marcado contraste, un patrón alimenticio basado en plantas sin procesar no solo reduce el riesgo de desarrollar cáncer (tanto por los alimentos vegetales que combaten el cáncer que incluye, como por las comidas de origen animal que promueven el cáncer que excluye[22]), pero también es prometedor en el tratamiento de, al menos, ciertos tipos de cáncer.

Por ejemplo, se demostró que un ensayo controlado y aleatorizado de una alimentación basada en plantas, baja en grasas y alta en carbohidratos complejos (lo directamente opuesto a una dieta cetogénica) disminuye significativamente el PSA (antígeno prostático específico) y reduce drásticamente el riesgo de progresión en hombres con cáncer de próstata en etapa temprana y afecta favorablemente una amplia gama de genes involucrados en el cáncer[23].

El ayuno solo con agua, seguido de una alimentación basada en plantas sin procesar sin azúcar, sal o aceite añadidos y, nuevamente, alta en carbohidratos complejos, baja en grasas y relativamente baja en proteínas reduce el linfoma y mantiene la remisión[24].

Reflexiones finales: la investigación indica constantemente que las dietas ricas en alimentos vegetales mínimamente procesados[25] promueven una longevidad saludable. En un intercambio de correos electrónicos sobre dietas cetogénicas (compartidos con su autorización), el colega y coautor del Dr. Valter Longo, el Dr. Sebastian Brandhorst, planteó dos puntos críticos:

  1. El contenido relativamente alto de proteínas de la mayoría de las dietas cetogénicas generalmente no se alinea con las dietas que son más beneficiosas con respecto a la salud humana y la esperanza de vida.
  2. El ayuno y las FMD [fasting mimicking diets o dietas que simulan el ayuno] inducen atrofia celular seguida de una regeneración / rejuvenecimiento proveniente de las células madre cuando hay ingesta calórica normal; que yo sepa, esto no se ha demostrado para las dietas cetogénicas. Creemos que esto solo se puede lograr mediante intervalos periódicos de inanición [ayuno] / realimentación.

En otras palabras, la dieta cetogénica no es propicia para la longevidad humana, y no ofrece los beneficios que el ayuno (y las dietas basadas en plantas) proporcionan a los pacientes con cáncer, en términos de reducir los efectos secundarios del tratamiento médico y mejorar su efectividad.

La afirmación extraordinaria de que las dietas cetogénicas curan el cáncer no está respaldada por evidencia extraordinaria, sino por un mosaico de conjeturas e hipótesis sobre el metabolismo de las células cancerosas.

Aprende más sobre la dieta cetogénica en los artículos anteriores de esta serie:

Parte 1 – ¿Qué es la dieta cetogénica?

Parte 2: ¿Es la dieta cetogénica natural para los humanos?

Parte 3: ¿Realmente la dieta cetogénica funciona para bajar de peso?

Parte 4: ¿La dieta cetogénica puede revertir la diabetes tipo 2?

Referencias

  1. https://thetruthaboutcancer.com/ketogenic-diet-weakens-cancer-cells/ – accessed 30 November 2018
  2. Erickson, N., Boscheri, A., Linke, B. & Huebner, J., (2017), Systematic review: isocaloric ketogenic dietary regimes for cancer patients. Med Oncol.;34(5):72. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28353094
  3. Oliveira, C.L.P., Mattingly, S., Schirrmacher, R., Sawyer, M.B., Fine, E.J. & Prado, C.M. (2018), A Nutritional Perspective of Ketogenic Diet in Cancer: A Narrative Review. J Acad Nutr Diet.;118(4):668-688. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28366810
  4. Zahra, A., Fath, M.A., Opat, E., et al. (2017), Consuming a Ketogenic Diet while Receiving Radiation and Chemotherapy for Locally Advanced Lung Cancer and Pancreatic Cancer: The University of Iowa Experience of Two Phase 1 Clinical Trials. Radiat Res.;187(6):743-754. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5510645/
  5. Schwartz, L., Seyfried, T., Alfarouk, K.O., Da Veiga Moreira, J. & Fais, S., (2017), Out of Warburg effect: An effective cancer treatment targeting the tumor specific metabolism and dysregulated pH. Semin Cancer Biol.;43:134-138. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28122260
  6. Steinmetz, K.A. & Potter, J.D. (1996), Vegetables, Fruit, and Cancer Prevention: A Review. J Am Diet Assoc.; 96:1027-1039.
  7. Jacobs, D.R. Jr, Slavin, J. & Marquart, L. (1995), Whole grain intake and cancer: a review of the literature. Nutr Cancer.;24(3):221-9.
  8. Papandreou, C., Becerra-Tomás, N., Bulló, M., Martínez-González, M.Á. et al (2018), Legume consumption and risk of all-cause, cardiovascular, and cancer mortality in the PREDIMED study. Clin Nutr.;pii: S0261-5614(17)31439-5. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29352655
  9. Zhang, J., Jia, P.P., Liu, Q.L., et al (2018), Low ketolytic enzyme levels in tumors predict ketogenic diet responses in cancer cell lines in vitro and in vivo. J Lipid Res.;59(4):625-634. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29414764
  10. Xia, S., Lin, R., Jin, L., et al (2017). Prevention of Dietary-Fat-Fueled Ketogenesis Attenuates BRAF V600E Tumor Growth. Cell Metab.;25(2):358-373. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/28089569
  11. Ibid.
  12. Bonuccelli, G., Tsirigos, A., Whitaker-Menezes, D. et al (2010), Ketones and lactate “fuel” tumor growth and metastasis: Evidence that epithelial cancer cells use oxidative mitochondrial metabolism. Cell Cycle;9(17):3506-14. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20818174
  13. Martinez-Outschoorn, U.E., Lin, Z., Whitaker-Menezes, D., Howell, A., Sotgia, F. & Lisanti, M.P., (2012), Ketone body utilization drives tumor growth and metastasis. Cell Cycle.;11(21):3964-71. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23082722
  14. Saraon, P., Cretu, D., Musrap, N., et al. (2013), Quantitative proteomics reveals that enzymes of the ketogenic pathway are associated with prostate cancer progression. Mol Cell Proteomics.;12(6):1589-601. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/23443136
  15. Zhang, J., Jia, P.P., Liu, Q.L., et al (2018), ibid.
  16. Schwartz, L., Seyfried, T., Alfarouk, K.O., Da Veiga Moreira, J. & Fais, S., (2017), ibid.
  17. Miller, V.J., Villamena, F.A. & Volek, J.S, (2018), Nutritional Ketosis and Mitohormesis: Potential Implications for Mitochondrial Function and Human Health. J Nutr Metab. 2018:5157645. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/29607218
  18. Di Biase, S. & Longo, V.D. (2015), Fasting-induced differential stress sensitization in cancer treatment. Mol Cell Oncol.;3(3):e1117701. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/27314084
  19. Safdie, F.M., Dorff, T., Quinn, D., et al. (2009), Fasting and cancer treatment in humans: A case series report. Aging (Albany NY).;1(12):988-1007. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20157582/
  20. Caffa, I., D’Agostino, V., Damonte, P., et al (2015). Fasting potentiates the anticancer activity of tyrosine kinase inhibitors by strengthening MAPK signaling inhibition. Oncotarget;6(14):11820-32. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/25909220
  21. Cheng, C.W., Adams, G.B., Perin, L., et al. (2014), Prolonged fasting reduces IGF-1/PKA to promote hematopoietic-stem-cell-based regeneration and reverse immunosuppression. Cell Stem Cell.;14(6):810-23. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/24905167
  22. Campbell, T.C. (2017), Cancer Prevention and Treatment by Wholistic Nutrition. J Nat Sci.; 3(10): e448. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC5646698/
  23. Frattaroli, J., Weidner, G., Dnistrian, A.M. et al (2008), Clinical events in prostate cancer lifestyle trial: results from two years of follow-up. Urology. 72(6):1319-23. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/18602144
  24. Goldhamer. A.C., Klaper, M,, Foorohar, A. & Myers, T.R., (2015), Water-only fasting and an exclusively plant foods diet in the management of stage IIIa, low-grade follicular lymphoma. BMJ Case Rep.;2015:bcr2015211582. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/26655228
  25. Fontana, L., Partridge, L. & Longo, V.D. (2010), Extending healthy life span–from yeast to humans. Science.;328(5976):321-6. https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/20395504

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